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estudio del enigma

ESTUDIO DEL ENIGMA

Visor Libros 2015

Ver Poema 1
Pensar que no habrá nada que nos una.

Dudar que, sobre el tiempo y el espacio

—la inmensidad de sendas coordenadas

formando lo intangible de una sola—,

jamás coincidiremos como suma,

como justas mitades,

como partes de un todo

que, en unión, nos revele.

Sentir que no habrá rumbo imaginable

que nos acerque al uno en el enigma;

ni cifra, ni razón, ni conjetura;

nada que nos convoque, inmarcesible,

para identificarnos semejantes.

Entonces, por qué somos aquí, ahora;

por qué la coincidencia.

Cuánto tiempo ha hecho falta,

cuánto amor, cuánta ausencia,

cuánta larga memoria.

Qué improbables principios,

qué silencios, qué músicas

han debido cumplirse

para que este poema

nos forme, nos congregue, nos descubra,

nos haga comprendernos,

todo

en uno.

Y yo sea el poeta,

y tú el lector.

Y, al fin,

nos encontremos.

Ver Poema 2
También soy lo que callo si al callarlo

me oculto o me libero de mí mismo.

Como en aquel mal sueño

donde un niño se inclina sobre el brocal de un pozo

y siente que lo empujan por la espalda.

Y cae al fondo y grita en la caída;

y no sabe nadar y está aterrado;

y llora, tiembla, pide socorro sin respuesta.

Bracea y traga agua,

se desgarra las uñas por asirse a la vida;

y no le quedan fuerzas, y se hunde.

Y, justo antes de ahogarse, sobre el círculo

de luz donde no alcanza,

ve, más allá del agua, los ojos de su hermano,

que sonríe en la altura con crueldad, con deleite.

Del miedo y la traición

igual hablan los sueños

como calla la vida.

Y, a veces, soy el niño que se ahoga.

Y, a veces, el hermano que lo empuja.

baile de mascaras

BAILE DE MÁSCARAS

Hiperión2013

Ver Poema 1
Habrá libros en blanco, ciudades sumergidas,

perfumes que no alcancen ser paisaje.

Lienzos acuchillados,

flor de alambre, ala sola

y relojes de arena sin arena.

(Pero esto no es nada.)

También habrá verdades temerosas,

dentaduras de nadie sonriendo en un vaso,

el brillo de la luna tras el humo.

Zapatillas impares, previsiones erradas,

cerraduras cruciales cuyas llaves no existen.

(Pero esto no es todo.)

Habrá justos poemas

que nunca los leerán quienes debieran.

Olvido donde el hombre precise de memoria.

Ver Poema 2
No soy solo la fea.

También soy la muchacha de ojos verdes

que recita a Tagore de memoria

y se desnuda a solas

frente a espejos que niegan la belleza legítima.

También soy la inocente, la que busca

respuesta en las canciones de Otis Redding,

en el cine de Chaplin,

en los largos paseos del brazo de una amiga.

No soy solo la fea.

También soy la muchacha imprevisible,

la que, mientras las otras deliberan

por tristes pretendientes,

baila con ademán, desparejada.

De entre todas, tal vez, soy la más dulce,

la más encantadora,

la que besa mejor a sus pocos amantes.

No soy solo la fea.

También soy la muchacha diferente,

la que a todo suspira,

la menos pudorosa en la alegría,

la que, mientras las otras se entretienen

con flores, con viajes o con joyas,

prefiere optimizar su desventura

de ensueños improbables

confeccionando versos, melodías

o postales anónimas desde Roma o San Gall.

Afortunadamente no soy solo la fea.

También soy la muchacha virginal, la agraciada

con el don de ser libre, libre, libre.

Y tengo la sonrisa más bella de la Tierra.

Me lo ha dicho mi padre.

La caja vacía

LA CAJA VACÍA

Visor Libros2006

Ver Poema 1
Hay un hombre sentado en esta silla.

Hace ya mucho tiempo la creó con sus manos.

Pero, ¿le pertenece?

 

Él mismo, con su esfuerzo,

taló el roble propicio, apuntaló

la homónima madera,

urdió con gran pericia la trama de su asiento.

Pero, ¿le pertenece?

 

Hay un hombre sentado en esta silla.

Sobre esta silla cumple su descanso.

Sobre esta silla apoya

sus largos pensamientos. Sobre ella

morirá cualquier día.

Pero, ¿le pertenece?

 

Otro hombre vendrá a sentarse en la silla.

Ver Poema 2
Ciruela, yo no canto la hermosura en tu nombre,

tampoco en tu sabor de duro engendro.

Ni siquiera la fuerza que al ciruelo te ensambla

con la belleza abstracta de lo simple.

Lo que canto, Ciruela, -o quisiera cantar-

es el hondo silencio con el que tú te pudres

sobre el grito del campo,

el gesto decidido por el que al fin te estrellas

contra la tierra, sola. Cuando ya ni los pájaros,

que punzaron las uvas y las moras y el higo,

de tu entrega se endulzan.

Lo que quiero cantar es tu triste destino.

Ciruela, drupa esférica de encanto imperturbable,

tú, que nacer debiste para el beso

y no para el olvido, fruto humilde,

alguien debe cantarte.

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Nuevas Letras2004

Ver Poema 1
Estos son los poetas:

se les llena la boca de metáforas,

procuran sonreír cuando se encuentran

reunidos en tertulia, pero a solas

son tristes como cáscaras de plátano

y escriben versos que si divulgaran

los tomarían por locos de remate.

 

Estos son los poetas:

heroicos personajes que, a su modo,

prefieren enfermar a estar callados.

Ver Poema 2
Una mujer y un hombre son un mundo.

No saben lo que son si no se tocan,

si no sellan un pacto

de libertad común cuando están solos.

No entienden lo que son si no se aman.

 

Se miran una noche, son felices.

Revelan un secreto indescifrable

fuera de sus fronteras.

No gozan del misterio de estar vivos

más allá del enigma que los une.

 

Una mujer y un hombre tienen miedo

(a veces tienen miedo),

mas, si agregan sus miedos, los enfrentan,

los colman de coraje, sienten fe.