Línea de tiempo

1978

Nací y crecí en Zafra (Extremadura). Hijo de Vicente Díez y Ricarda Hernández. Mi familia es originaria de Extremadura por parte de padre y de Andalucía por parte de madre. Tengo una hermana tres años menor: Mamen Díez, es la pelirroja guapa que sale en mis videolcips.

En mi infancia nunca me faltó de fondo una copla de Marifé de Triana en la voz de mi abuela Cecilia o un fandango de El Cabrero en la voz de mi padre. Nadie en mi casa se dedicó nunca profesionalmente a la literatura ni a la música, pero siempre hubo buenos lectores, buenos melómanos y nos gustaba arrancarnos a cantar en reuniones familiares y de amigos. Desde muy niño aprendí la importancia del amor y la alegría.

 


Década de los 80

Estudié en el Colegio Público Juan XXIII de Zafra, donde tuve mi primer contacto con la literatura y el teatro.

Empecé a escribir poemas, cuentos y estrofas de canciones con 9 años. Mi mundo en aquella época se limitaba a las calles del barrio, a los juegos en la vía del tren y a los partidos de fútbol improvisados en cualquier explanada.

En mi casa se escuchaban discos de Joan Manuel Serrat, Perales, Nino Bravo y La Paquera de Jerez. Muchas de aquella canciones, que tanto les gustaban a mis padres (y que tanto me gustan a mí ahora), fueron las primeras que aprendí a cantar: Mediterráneo, Lucía, Libre, Un beso y una flor, Un velero llamado libertad, Filigrana de Jazmín, Soñadores de España

Como todos los de mi generación, mi imaginación creció con Barrio Sésamo, Planeta imaginario y La bola de cristal. Las primeras películas que recuerdo en el cine son E.T. y Los Goonies.

 


El internado (1989–1994)

Estudié cinco años en el Colegio San José de Villafranca de los Barros, donde descubrí mi interés por el deporte, el dibujo y el ajedrez, y mi total desinterés por la religión de sotana y capón. Canté como primera voz del coro durante exactamente dos semanas (me echaron por no aprenderme las canciones en latín).

Las primeras lecturas de Julio Verne, Mark Twain, Jack London y Rudyard Kipling son de esta época. Y también las primeras pandillas, los primeros ligues y los primeros descubrimientos musicales propios, gracias a la colección de discos de mi tío José Manuel.

Cuando cumplí 13 años, mis padres me regalaron una minicadena de doble pletina y vinilo. Aquella minicadena cambió mi vida, la de mis amigos y la de mis vecinos… Los primeros discos que compré con mis ahorros fueron “Dangerous” de Michael Jackson y “¡A por ellos…! que son pocos y cobardes” de Loquillo y los Trogloditas. Los sigo conservando impecables.


Primera juventud. El instituto (1995–1999)

Me convertí en un gran lector y en un gran melómano a costa de suspender casi todas las asignaturas. El rock y el blues me hicieron perder la cabeza (Bob Dylan, The Doors, Extremoduro, Otis Redding, Héroes del Silencio, Janis Joplin y sobre todo Queen) y también la poesía (Pablo Neruda, Miguel Hernández, Lorca, José Hierro y José Agustín Goytisolo son los primeros autores que admiro).

Nunca olvidaré la magia y la rebeldía de estos años: los primeros viajes (casi siempre en autoestop), los primeros recitales de poesía, los primeros premios literarios y la composición de mis primeras canciones. Mis pocos ahorros los gastaba ya en libros y en discos.


5Segunda juventud. La universidad (1999–2004)

Con 21 años me fui a Badajoz a estudiar la licenciatura en Ciencias Ambientales, sin demasiada convicción de lo que hacía. Allí descubrí el mundo de los cantautores (Sabina, Aute, Luis Pastor, Pablo Milanés, Pedro Guerra y especialmente Silvio Rodríguez) y leí tres libros que cambiarían mi vida: El Quijote, Ficciones y Pedro Páramo.

Fue una época de despreocupación y bohemia, primeros viajes a otros países, primer amor y primeras despedidas. En esta época formé parte de distintos movimientos asociativos y escribí la mayoría de los poemas que terminarían dando forma a mis dos primeros libros: 42 (Nuevas Letras, 2004) y La caja vacía (Visor Libros, 2006).

A finales del año 2002 fundo el que será mi primer proyecto musical: El Desván del Duende. En la primavera del 2003 gano en Madrid mi primer premio literario nacional: Premio Conmemorativo Luis Rosales de Poesía. En el verano de 2004 compongo Macetas de colores y Mineapolis, dos canciones que nos abrieron las puertas para grabar el primer disco con El Desván y colaborar con grupos amigos como Los Delinqüentes o La Cabra mecánica, dos canciones que sigo cantando en mis conciertos.

 


6El Desván del Duende (2002–2014)

Estos 12 años abarcan la que hasta ahora ha sido la época de más aprendizaje y libertad de mi vida. Comencé a escuchar flamenco y grupos de fusión flamenca (Camarón de la Isla, Enrique Morente, Pata Negra, Mártires del Compás, Kiko Veneno, Los Delinqüentes, La Cabra Mecánica); trabajé en distintos empleos para poder dedicarme a lo que verdaderamente me gustaba, que era escribir y cantar; estudié mucho, leí mucho, me relacioné con lo mejor y lo peor de la calle, que siempre fue mi gran escuela. Pasé también algunos años de escasez económica, pérdida de fe y búsqueda de mí mismo. Todas estas experiencias me hicieron creer y crecer.

Literariamente, me enamoré de Kafka, Hemingwey, Borges, Cortázar, Rimbaud, Pessoa, Girondo, Szymborska, Antonio Porchia, José Emilio Pacheco y Pavesse. Musicalmente, descubrí el rap, el tango y el jazz moderno, y redescubrí la música clásica y la copla. Recorrí a pie, en tren o en autobús España y Portugal en su totalidad. Viajé a México, Argentina, Marruecos, Suecia, Cuba, Venezuela, Alemania, Liechestein, Suiza, China, Italia, Inglaterra, Tibet y Francia. Casi todos mis ahorros de estos años los gasté en conocer otros países y otras culturas. Empecé a escribir relatos cortos y artículos periodísticos para distintos medios. Di forma a un blog durante más de seis años y colaboré con publicaciones, instituciones y proyectos sociales muy diversos. Hice más de 100 recitales poéticos en colegios, institutos, bibliotecas y cárceles, y creé los espectáculos de poesía y música “Los poetas insólitos” (2007-2010), “El vuelo del Paquidermo” (2010-2013) y “Lecciones de ingravidez” (2013-actualidad).

En este tiempo di forma a dos nuevos poemarios: “Baile de máscaras” (Hiperión, 2013) y “Estudio del enigma” (Visor Libros, 2015) y a un libro misceláneo de prosa y poesía: “Locura ordinaria” (inédito aún).

Con El Desván del Duende grabé cuatro discos, aunque sólo llegamos a publicar tres (“Eres buena gente” en 2007, “Increíble pero cierto” en 2009 y “Besos de cabra” en 2012), siete videoclips y el documental “Si se quiere se puede”. Hicimos más de 700 conciertos y creamos la plataforma Si se quiere se puede, con la que pusimos música a la Selección Española en las Paralimpiadas de Londres 2012.

En estos años  tuve la oportunidad de tocar en algunos de los festivales más importantes de España (Viñarock, Extremúsika, Arenal Sound, Espantapitas, Cruilles, Play, Womad, Mercat de Vic, EnVivo, Shikillofest…) y de compartir escenario con muchos artistas admirados como Manu Chao, UB 40, Andrés Calamaro, Toumani Diabate o Betty Lavette.

Nunca dejé de aprender. Nunca dejé de divertirme. El día que supe que había dejado de aprender y de divertirme, tomé la decisión de cambiar de rumbo. Una decisión difícil, pero acertada.

 


7Nueva vida: Duende Josele (2015-2016)

Me exilié a la isla de Lanzarote, donde comencé a colaborar con la Fundación José Saramago y el Diario de Lanzarote y a dar forma al nuevo disco.

Estuve más de un año sin subirme a un escenario. Muchos amigos me preguntaban si volvería a cantar… Lo único que tenía claro era que no quería repetirme, que necesitaba evolucionar hacia otras ilusiones, hacia otra voz. Así fueron naciendo las nuevas canciones. Sin prisa, sin pausa.

El 26 de noviembre sale a la luz La Semilla, en dos versiones, CD y Discolibro, mi primer trabajo discográfico como Duende Josele. Un sueño formado por 12 canciones y 3 poemas, donde han colaborado maestros y amigos como José Mercé, Luis Eduardo Aute, Lichis, La Negra o Benjamín Prado, entre otros.

Quiero escribir, cantar y crear desde nuevas perspectivas. Quiero disfrutar más serenamente de todo lo aprendido. Quiero devolver a mi familia, a mis amigos y a los seguidores de mi obra una pequeña parte de todo lo que ellos me han dado en estos años. Con estas ilusiones trabajo y vivo cada día. Gracias por acompañarme en el camino. Seguiremos informando…